22 de febrero de 2021

Artículo: Polarización y odio en las redes


 

Por Elaine Ford *


Conforme se acercan las elecciones el clima en las redes sociales se vuelve más hostil. La polarización es una de las características más evidentes en estos espacios online que inducen al choque de sentimientos, a la confrontación de ideas antagónicas y, lo que es peor aún, refuerzan los discursos de odio o hate speech. Esto es una señal de alarma, que despierta la preocupación en las altas autoridades globales, pues sabemos que en las redes la velocidad, el alcance y el impacto en la difusión de contenido es superior a los canales tradicionales, generando su viralización a tiempo real. Por tanto, los discursos de odio son un gran desafío que atender en estos tiempos de digitalización. 


¿Habría que preguntarnos cuál es la razón detrás de estos discursos? ¿Por qué son una tendencia en las sociedades modernas? Las razones pueden ser varias, pero hay que entender primero la crisis actual que vive la democracia como sistema político. El Latinobarómetro en su último estudio realizado en el 2018 nos demuestra que desde el año 2010 hay una declinación progresiva, alcanzando un apoyo a la democracia de solo 48% para el año 2018. Esto, a su vez, se da de manera inversa y simultánea con el aumento de ciudadanos que se declaran “indiferentes” al tipo de régimen, que no es otra cosa que un alejamiento de la política. (1) 


Pero esta desconfianza hacia la democracia no es fortuita. Las clases políticas dirigentes y los sistemas de partidos políticos no han tenido un buen performance a lo largo de las décadas, erosionando a las instituciones y, especialmente, la confianza ciudadana que ha sido depositada en ellas. De manera tal que esta situación va acompañada de un aumento a la desafección hacia las instituciones y los partidos políticos. En el Perú hoy tenemos una atomización partidaria que representa a todas las ideologías políticas, no obstante, ninguno de los partidos goza de un apoyo mayoritario. Hay un fraccionamiento evidente que solo genera indecisión e incertidumbre entre la población ad portas de unas elecciones generales a realizarse el 11 de abril.


Y un tercer elemento a este escenario es el auge de las redes sociales, que se convierten en las mejores plataformas para canalizar y amplificar los discursos de los líderes políticos, muchas veces mensajes populistas, con una retórica explosiva, con ideas extremistas y controversiales. Incluso, líderes que contribuyen a la desinformación a fin de lograr sus propósitos electorales. Casos hay muchísimos en América Latina y el mundo entero. Líderes populistas, de izquierda o de derecha, coinciden en encantar a los desencantados con discursos que desafían al status quo y con ofrecimientos que escapan de lo convencional.


Es ahí cuando se recurre con mayor frecuencia a la lucha de poder en las redes sociales, donde es frecuente observar una guerra de hashtags, likes y retuits. Esta polarización política en las redes se torna agresiva, ofensiva y no contribuye a sostener una deliberación con respeto y tolerancia. Para tener una idea, solo en los últimos días los siguientes hashtags estuvieron entre los primeros puestos del ranking de tendencias en Twitter en el Perú:


- #InhabilitenAVizcarra

- #CongresoVerguenzaNacional

- #CongresoDeMiserables

- #VizcarraTraidor

- #MoradosNuncaMas

- #KeikoMentirosa

- #FueraCachay

- #ElPeorGobiernoDeLaHistoria

- #Miserable

- #Caradura


En cada uno de ellos se aprecia el ánimo de agredir y descalificar. Hay una carga emocional negativa muy fuerte y es esta la puerta abierta para fomentar los discursos de odio en todas sus dimensiones: muchas veces promovido por los mismos líderes políticos, como también por la colectividad de usuarios que comentan, comparten y viralizan el contenido. 


En el último tiempo la comunidad internacional ha sido testigo de la presencia de líderes populistas que alientan la supremacía blanca, con posiciones ultraconservadoras, nacionalistas, proteccionistas y que suelen alentar sentimientos como la xenofobia, homofobia, misoginia o antisemitismo. Ante una próxima elección es necesario advertir sobre los riesgos y mostrar que la libertad de expresión es un derecho fundamental inherente a todos nosotros, pero también tiene alcances y límites. Y entre estos límites está “la prohibición de toda propaganda a favor de la guerra y de toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia”, tal como señala nuestra Constitución Política. 


Esto se consagra también en los instrumentos internacionales de protección a los derechos humanos. Y, evidentemente, se extiende tanto en el plano offline como online, puesto que los derechos digitales se basan en las normas y mecanismos ya vigentes.  Asimismo, desde las Naciones Unidas, en setiembre último se aprobó la Hoja de Ruta en Cooperación Digital que incluye a los discursos de odio como uno de los principales desafíos de la digitalización. A nivel político hay una gran responsabilidad para evitar caer en estos escenarios, que solo deterioran la convivencia ciudadana y dañan los cimientos de una sociedad diversa y plural. 


* Elaine Ford es directora fundadora de D&D Internacional - Democracia Digital. Es presidente de Internet Society (ISOC) - Perú y autora del libro “El reto de la democracia digital. Hacia una ciudadanía interconectada” (2019).

(1) Tomado del libro “Internet y pandemia en las Américas”, artículo “La pandemia: entre populismos y desinformación”, pg. 64, 2020. https://democraciadigital.pe/publicaciones






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