25 de enero de 2015

LA TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN EN UN MUNDO CRUEL

Opinión
Por Elaine Ford

Hoy mientras terminaba de oír el audio del rehén japonés, Kenji Goto, difundido junto a escalofriantes imágenes de su compatriota decapitado en manos del Estado Islámico; mi hijo de tres años me decía: “mamá vamos a Madagascar a buscar a Doki”. Me enfrenté de manera inmediata a dos mundos que se contraponen: la realidad vs. la ficción, pero que en este caso hubiera deseado vivir la ingenuidad del mundo animado. Y es en este contexto cuando uno se pregunta, adónde hemos llegado como especie humana capaces de vivir este nivel de atrocidades, con un odio latente que crece desmesuradamente. 


En estas líneas no quiero referirme a estos temas como experta, simplemente quiero hacerlo como madre, como un ser que intenta entender la crueldad de la humanidad. Han pasado más de cincuenta años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, donde la población judía vivió la barbarie del genocidio a manos el régimen Nazi. Han pasado también más de cincuenta años desde que se adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y los principales instrumentos de protección de los derechos fundamentales. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces, pero justamente es cuando uno se cuestiona cómo hoy en día, en pleno siglo XXI, sigan ocurriendo estas escenas de terror y dolor de gran envergadura, como lo que viene sucediendo con el Estado Islámico, en Siria, Nigeria, Medio Oriente, entre otros.

Hoy estamos frente a un nuevo escenario geopolítico internacional que cada día se pone más complejo. El presente es incierto y el futuro un tanto desolador si este odio se exacerba. La espiral de violencia nuevamente se enciende en la historia.

Sin embargo, la gran diferencia respecto del siglo pasado es el avance de la tecnología de la información. Hoy en día, a través de ella, podemos conocer con detalle el alcance de los bombardeos, su impacto, los daños colaterales, las armas usadas y demás. Por ejemplo, las cámaras que registraron los lamentables episodios de la revista satírica francesa, Charles Hebdo, así lo demostraron. De igual forma cada video de los rehenes decapitados por miembros del Estado Islámico o la población civil en Siria agonizando a causa del gas sarín. Claro, no podemos detener los fatales hechos, pero al menos podemos saber mejor lo que sucede.

Adicionalmente, toda esta información se propaga con gran rapidez, con un impacto globalizador y permitiendo su socialización. La tecnología nos permite revivir los momentos, atravesando las barreras de la distancia. Nos permite sentir el dolor, a pesar de estar a miles de kilómetros de lejanía. Ya no es posible ser ajeno a estos hechos, porque la tecnología de la información en el mundo globalizado nos acerca a ellos.


Y creo yo que este es el gran reto que debemos enfrentar todos, no sólo madres y padres, sino todos los actores que intervienen en la formación de individuos y en la construcción de la sociedad. Toda esta información que recibimos a diario con atrocidades y actos crueles no debe dejar de sorprendernos. No nos acostumbremos a ello, menos seamos indiferentes. Debe servirnos para  mantenernos atentos para poder alertar, denunciar, apoyar una causa, luchar por ideales y, sobre todo, para evitar que momentos sangrientos se repitan. Debe ser nuestro compromiso en un mundo cada vez más cruel.



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