4 de junio de 2013

Democracia sin libertad de expresión no existe

Opinión
Por Elaine Ford
 
Uno de los pilares fundamentales de la democracia es la libertad de expresión. Este derecho es inherente a todo ser humano y está protegido en los textos internacionales y en las cartas magnas de los Estados. Curiosamente, este mismo derecho es siempre el más vulnerado. La historia nos demuestra que en regímenes de tipo totalitario, autoritario o autocrático se viola con facilidad y de manera sistemática la libertad de expresión y el quehacer periodístico que se ejerce de manera independiente, objetiva e imparcial. Sin embargo, que esto mismo suceda en un régimen democrático resulta una contradicción per se. A este régimen se le podría llamar de cualquier modo, menos una democracia.
 
Ante esto, resulta desolador que en la región son varios los países que vienen ejerciendo una política de persecución hacia los medios de comunicación y sobre la información que éstos emiten. Recientemente Argentina, Ecuador y Venezuela están en la palestra con severos casos de violación a la libertad de expresión. Pero estos Estados tienen varias características en común: son parte del eje bolivariano y comparten la doctrina del Socialismo del Siglo XXI impulsada por Hugo Chávez; sus respectivos presidentes han sido reelegidos y tienen un afán por perpetuarse en el poder y; lo peor aún, es que son reelegidos en procesos electorales llevados a cabo democráticamente, siendo esto su principal aval para autodenominarse “democracias”.
Rafael Correa, asumió hace unos días su tercer mandato (2013-2017), cuyo triunfo electoral en febrero último lo obtuvo con el 57% de los votos y cuenta en la actualidad con una alta popularidad entre la población ecuatoriana. Uno de los rasgos más resaltantes en sus años de gobierno ha sido su hostigamiento permanente a los medios independientes, actitud que quedó demostrada el mismo día de su juramentación al ser enfático en acusar a la prensa y señalar que buscan desestabilizarlo.
 
Lo cierto es que en la administración Correa hay una política sistemática que atenta contra la libertad de expresión, que castiga a todo aquel que critica al régimen. Los casos más emblemáticos han sido los ocurridos con el diario El Universo y contra de los autores del libro “El gran hermano”, pero adicionalmente según la organización Fundamedios en el año 2012 se han registrado 173 agresiones a periodistas y medios de comunicación perpetrados en su mayoría por el mismo presidente Correa. Esta cifra aumentó en 17 casos frente al año 2011. Por si fuera poco, la intención del presidente Correa es aprobar una ley de medios en el Congreso, que le permitirá regular los contenidos periodísticos y seguir atacando a la oposición. Con una mayoría parlamentaria al 73%, queda claro que esta tendencia de amedrentamiento se mantendrá.

El kirchnerismo en la Argentina acaba de cumplir diez años en el poder, diez años que han servido para polarizar a la población y en donde la prensa independiente se ha visto severamente amenazada. En la Argentina los ataques son un tanto más sofisticados en confabulación con otras instancias de poder. Desde el año 2009 el grupo Clarín, opositor al régimen, ha enfrentado una serie de ataques de diversa índole como la nueva ley de medios relacionada a las licencias de radio y televisión o la modificación a la ley de mercados de capitales que tiene que ver con los accionistas minoritarios en las empresas. Ambas medidas atentan contra la integridad empresarial del grupo. Asimismo, ahora está en juego el control del Estado en Papel Prensa, única empresa productora de papel periódico en la Argentina. El trasfondo político se reduce a que Cristina Fernández de Kirchner estaría buscando obtener un porcentaje relevante en las próximas elecciones legislativas que le permitan, a su vez, lograr sus propósitos para ser re-reelegida en el 2015.

En Venezuela la historia ya tiene larga data. Los 14 años que lleva el chavismo en el poder ha permitido llevar a cabo una serie de medidas que han vulnerado drásticamente la libertad de expresión en ese país. Con el cuestionado triunfo de Nicolás Maduro, en las recientes elecciones presidenciales del 14 de abril, el panorama parece continuar. Muestra de ello ha sido el reciente control mayoritario por parte de personas cercanas al oficialismo de Globovisión, medio televisivo que se ha caracterizado por ser una ventana de información libre.  Ante esto, el candidato opositor Henrique Capriles ha denunciado que sus actos ya no serán transmitidos en vivo, además, dicha compra ha generado la renuncia de diversos periodistas del canal.

Ante la situación descrita en cada uno de estos países, cabe preguntarse ¿son éstos regímenes democráticos? Si bien sus respectivos mandatarios han sido elegidos por la vía popular a través del  sufragio universal, esto no garantiza el pleno funcionamiento de la democracia, menos aún si se tiene evidencia del permanente amedrentamiento que se comete en contra de la prensa y los periodistas de oposición. Este tipo de acciones sofocan las libertades individuales y colectivas de los pueblos, con ello se busca el silenciamiento y la autocensura.

La libertad de expresión es un derecho fundamental, cuyo respeto, defensa y promoción debe estar garantizada por los Estados y sus gobiernos de turno. Democracia sin libertad de expresión no existe, hablamos entonces de Estados de corte autoritario. Sin una prensa libre e independiente, sin una plena libertad de expresión se ingresa a un territorio en donde todos los derechos inherentes al ser humano y los mecanismos de protección son vulnerables. Consecuentemente, todo puede suceder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada