29 de enero de 2013

Un giro en el escenario regional

Análisis

Por Elaine Ford
 
Los últimos acontecimientos en nuestra América hacen presagiar aires de cambio en la escena internacional. Por un lado, tenemos el chavismo sin Chávez en Venezuela, que de perdurar va a significar para el país el desmoronamiento del régimen establecido desde 1999 y ello conllevaría al debilitamiento de los gobiernos en la región que han sido subsidiados por Hugo Chávez en los últimos años. De otro lado, tenemos a una Cuba que asume recientemente la presidencia de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), iniciativa multilateral impulsada por el presidente Chávez en diciembre de 2011, que reúne a 33 Estados de la región, sin la participación de Estados Unidos y Canadá. Cuba de pronto lidera la atención regional, sin beneplácito de muchos, pues cómo explicar que una de las dictaduras contemporáneas de mayor duración en el poder encabece un foro político que protege la democracia y los derechos humanos, entre otros cosas. Frente a estos hechos el escenario regional podría empezar a dar un giro, que para los más optimistas podría significar el inicio a la democratización en un mediano plazo.
Hugo Chávez yace en Cuba recuperándose del cáncer que padece, tras su última intervención quirúrgica realizada en el mes de diciembre. La situación política en Venezuela se tornó compleja por la incertidumbre existente ante la imposibilidad del presidente Chávez de juramentar por su cuarto mandato el 10 de enero pasado. Sin embargo, como era de esperarse, el irrespeto a la Constitución y las maniobras sucias en cada uno de los aparatos del poder, controlados por el chavismo, permitieron interpretar a su antojo el marco jurídico y, consecuentemente, el presidente Chávez obtuvo un permiso prolongado hasta su total recuperación.

Mientras tanto Nicolás Maduro, vicepresidente y hombre de confianza del presidente, asumió interinamente el liderazgo del país, pero en un clima de nerviosismo y de rivalismo frente al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Maduro es descrito como uno de los hombres más moderados del oficialismo y con quien hay opción al diálogo y la negociación. Además, un punto favorable es que sea un civil y no un militar quien de continuidad al régimen chavista.
Lo cierto es que nadie sabe si Maduro tendrá la capacidad de mantener cohesionado al oficialismo  y menos aún considerando los siguientes elementos: una oposición que apoyó en un 44% al candidato Henrique Capriles, representante de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en las últimas elecciones presidenciales; sumado a un país que en términos económicos atraviesa la inflación más alta en América Latina, enfrenta una grave escasez de alimentos de la canasta básica familiar y que en términos sociales convive con altos niveles de inseguridad y violencia. Adicionalmente, el uso de los recursos provenientes del petróleo, le ha permitido al gobierno venezolano el asistencialismo a casi nueve millones de personas, pero no es seguro que esto sea viable y duradero sin la presencia de Chávez.
En el mediano plazo, este panorama llevaría a un desgaste político y el oficialismo tendría que sortear diversas salidas, entre ellas convocar a elecciones. Ojalá en ese momento las organizaciones internacionales y la comunidad internacional sean vigilantes y actúen responsablemente en aras de proteger la democracia del Estado venezolano.
Y en esta misma línea ¿Qué pasaría con Cuba y los países del eje bolivariano? Es probable que Cuba deje de recibir los más de 100 mil barriles diarios de crudo a precios preferenciales que le otorga Venezuela. Sin duda el régimen castrista se vería afectado y la subsistencia de la isla estaría entrampada. Vientos a favor serían pues el actual liderazgo de Cuba ante la CELAC, que le permitirá fortalecer vínculos de cooperación en diversas áreas de interés y buscar nuevas alianzas regionales. Quizás la apertura de mercados y la paulatina democratización de su sistema de gobierno sean los pasos siguientes.
En el caso de los países amigos de Venezuela: Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, entre otros tantos; sus respectivos líderes dejarían de recibir el subsidio venezolano que les ha permitido abanderarse del populismo y perpetuarse en el poder, siguiendo la lógica chavista. Ante ello el modelo bolivariano carecería de fundamentos y se buscarían nuevas formas de integración con otros bloques regionales. Es probable que Rafael Correa triunfe una vez más en las próximas elecciones presidenciales (febrero 2013) y que tanto Evo Morales (2014) como Cristina Fernández de Kirchner (2015) busquen nuevas reelecciones, pero el escenario político les será más difícil sin el generoso apoyo del presidente Chávez y con la agonía del pensamiento bolivariano.
No cabe duda que con la ausencia del comandante Hugo Chávez el escenario regional empezará a cambiar. Será el turno de las oposiciones que las mantuvieron silenciosas por años, de una ciudadanía participativa y democrática y; de una comunidad internacional activa y colaboradora para prevalecer los principios que rigen en un sistema democrático auténtico.
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